El Real Sabor de las Cosas
Quién no se ha comido un buen plato de arroz blanco con potaje de frijoles negros, una mezcla divina para los cubanos. Sin embargo, no son muchos los que se aventuran a comerlos por separado. ¿Puede este hecho considerarse como un problema? Veamos. Creo no equivocarme al afirmar que se trata de una tradición muy arraigada a nuestra sociedad, y quién sabe a cuántas más, que prevalece por encima del real sabor de las cosas. Aunque cada alimento o plato culinario tiene un sabor propio, es indudable el mérito palidítico de ciertas mezclas costumbristas que ensalzan nuestra mesa a diario. De manera que si este arroz está exquisito y este potaje también, tendremos total aprobación para comerlos. Mezclados.
Es de popular consenso que las tradiciones enriquecen, caracterizan, unen y por tanto fortalecen una sociedad. Esta afirmación sin embargo presupone la concientización de dichas tradiciones, en la medida en que un ser humano será más libre cuánto más consciente sea de por qué hace las cosas que hace. Así, repetir un acto tradicional por pura imitación o inercia adaptativa nos limita a ser conducidos y nos priva de conducir nuestras vidas. No se trata por lo tanto de aceptar las tradiciones ciegamente, ni de negarlas sin muchos miramientos, sino de redescubrirlas en cada persona, cada día; de hacerlas propias y darnos la oportunidad de implantar quizás nuevas tradiciones, en la medida en que las ya existentes corrieron caminos semejantes al que describimos. No se puede reconocer, comparar, aceptar, cambiar o crear con fidedigno sabor nativo, sin antes hacerse de un profundo conocimiento de las bases o partes primarias.
¿Para qué comerlos por separado si la mezcla me parece exquisita? ¿Por qué intentar cambiar las cosas que ya están bien? Benjamín Franklin dijo ¨ Las cosas no son malas porque están prohibidas sino que están prohibidas porque son malas ¨. Y es que la real medida de lo bueno o malo será el resultado de un coherente y profundo análisis, no de la aceptación superficial de las cosas. Conocer el real sabor de las cosas no sólo fortalecerá nuestras costumbres en su justa medida, sino que seremos capaces de abrir puertas que antes ni siquiera veíamos. Así, sin abandonar nuestras gratificantes raíces y tradiciones, podríamos sin ningún ánimo de rechazo innato, probar de vez en cuando el real sabor de las cosas y concluir que la mezcla es lo mejor, o en un caso menos probable pero representativo de la libertad para elegir, que no lo es.